Los acontecimientos de los últimos años dan la impresión de que nadie parece capaz de controlar los factores que condicionan el alza de los precios de los alimentos. La propia FAO, que declaraba en verano de 2010 que los precios de los alimentos estaban lejos del máximo histórico de junio de 2008 y que no había razones para pensar que iban a incrementarse tanto, hizo público a comienzos de 2011 que el índice de precios de los alimentos sobrepasó el máximo histórico alcanzado en la crisis 2008. Para las poblaciones que deben destinar entre el 60 y el 80 % de sus ingresos a la alimentación, los incrementos de precios de los alimentos básicos son un gravísimo problema.